La carretera que me enseñó a no correr

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Piensa en el viaje por carretera que más te ha marcado.

El viaje por carretera que más me ha marcado no fue el más largo ni el más espectacular.

Fue uno en el que no sabía muy bien a dónde iba, pero sí sabía que tenía que moverme.

La carretera era tranquila, sin prisas. El paisaje cambiaba despacio, como si me diera tiempo a entenderlo. Y yo también iba cambiando, aunque entonces no lo supiera.

Recuerdo el silencio.

No como ausencia, sino como compañía.

Ese silencio que aparece cuando ya no necesitas llenar nada, cuando el pensamiento se ordena solo, sin empujarlo.

No fue un viaje para llegar.

Fue un viaje para sostenerme mientras avanzaba.

Desde entonces, cada vez que la vida se vuelve confusa, pienso en eso: en seguir conduciendo con atención, sin acelerar, confiando en que la carretera sabe más que yo.

2 respuestas a “La carretera que me enseñó a no correr”

  1. Avatar de Gustavo Hiram Avila Toledo

    Te entiendo perfectamente, en ocasiones uno necesita estar en silencio con uno mismo, felicidades por esa desicion y deseo encuentres la paz que buscas

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    1. Avatar de Sandrinne Élan

      Gracias, Gustavo. Sí… a veces el silencio es justo lo que nos devuelve a casa. Te agradezco mucho tus palabras 🤍

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