¿Qué hace que alguien sea un buen líder?
Durante mucho tiempo pensé que un buen líder era alguien que sabía más, que hablaba mejor, que iba un paso por delante.
Alguien firme. Seguro. Incuestionable.
Con los años —y con la vida apretando— he ido cambiando de idea.
Hoy creo que un buen líder no es quien marca el ritmo, sino quien sabe escucharlo.
No quien empuja, sino quien sostiene.
No quien ocupa el centro, sino quien deja espacio.
Un buen líder no necesita demostrar nada.
No levanta la voz para ser seguido.
No humilla para sentirse fuerte.
No acelera cuando alguien se queda atrás.
Acompaña.
Mira.
Espera.
Tiene la valentía de no saberlo todo.
La humildad de preguntar.
La coherencia de actuar igual cuando nadie está mirando.
Y, sobre todo, un buen líder no se coloca por encima.
Camina al lado.
He aprendido que liderar no va de tener respuestas, sino de crear lugares seguros donde otros puedan encontrarlas.
Donde se pueda hablar sin miedo.
Donde equivocarse no sea una amenaza.
Donde ser persona no reste valor.
Quizá por eso los liderazgos que más me han marcado no fueron los más brillantes, sino los más humanos.
Los que no dejaron huella por lo que dijeron, sino por cómo hicieron sentir.
Y si algún día lidero algo —una conversación, un proyecto, una vida— ojalá sea así: con presencia, con respeto y sin ruido.


Replica a Sandrinne Élan Cancelar la respuesta