Escribe sobre tu nombre: su significado, importancia, etimología, etc.
No siempre me he llamado así.
O mejor dicho: no siempre me he dicho así.
Durante mucho tiempo fui solo Sandra.
La que hace, la que puede, la que tira.
La que se adapta, la que aprende rápido, la que no se permite demasiado ruido interior porque hay que seguir.
María estaba ahí, claro.
En los papeles.
En el registro.
En lo que un cura decidió que debía acompañar a mi nombre porque, en aquella época, Sandra no existía en el santoral.
María entró casi por obligación.
Como un añadido.
Como algo que no era del todo mío.
Y yo crecí tratándolo igual.
Como un segundo nombre que no hacía falta pronunciar.
Como si con Sandra bastara.
Pero pasa el tiempo.
Y una se cansa de vivir a medias sin darse cuenta.
De nombrarse solo por la parte que empuja, que sostiene, que resiste.
Hace un tiempo —no sabría decir cuándo exactamente— empecé a sentir que no.
Que si me llamo Sandra María, no es por casualidad.
Que María no es un adorno.
Es parte de mí.
Y no la parte débil, precisamente.
Sandra viene del griego alexandros: la que protege, la que defiende.
Y sí, ahí me reconozco.
He sabido plantarme.
He sabido aguantar.
He sabido salir adelante incluso cuando no tenía muy claro cómo.
María es otra cosa.
Un nombre antiguo, lleno de significados que se pisan unos a otros, pero que siempre vuelven al mismo lugar: la que es amada, la que sostiene, la que permanece.
Durante años viví más en Sandra.
María quedó atrás, esperando.
No porque no estuviera, sino porque yo no sabía darle sitio.
Ahora entiendo que defender sin sostener cansa.
Y sostener sin defender se pierde.
Sandra María no es un nombre largo.
Es un equilibrio.
Una que cuida y una que se cuida.
Una que se levanta y una que se queda.
Una que sabe decir basta y otra que sabe quedarse en silencio cuando hace falta.
Por eso hoy me nombro entera.
No para explicarme.
No para justificar nada.
Solo para habitarme.
Porque no soy a medias.
Nunca lo fui.
Solo tardé en darme cuenta.
Sandrinne Élan no es un nombre artístico.
Es el lugar donde todo esto se ordena sin forzarse.
Donde Sandra y María caminan juntas.
Donde la palabra élan —impulso vital, aliento, movimiento interno— cobra cuerpo.
No nació para gustar.
Nació para ser verdadero.
Y para acompañar, sin prisa, a quien también esté aprendiendo a nombrarse entero.


Deja un comentario