Si pudieras hacer que tu mascota entendiera una cosa, ¿cuál sería?
Hay palabras que, sin querer, colocan a los seres en un sitio que no les corresponde.
Para mí, “mascota” es una de ellas.
No porque esté mal dicha.
Sino porque se me queda corta.
En mi vida no hay mascotas.
Hay presencias.
Hay vínculos.
Hay seres que no me pertenecen y a los que no pertenezco, pero con los que comparto camino.
No están aquí para obedecerme.
Ni para entenderme como se espera que entienda un humano.
No les pido explicaciones ni resultados.
No les exijo que aprendan nada de mí.
Y, aun así, aprendo.
Aprendo de su manera de estar.
De cómo se acercan sin invadir.
De cómo se van cuando lo necesitan.
De cómo vuelven sin reproche.
De cómo sienten sin adornarlo con palabras.
Si pudiera hacer que entendieran algo —si esa fuera realmente la pregunta— no sería una orden ni un mensaje claro.
Sería algo mucho más simple y más hondo.
Que no necesito que me cuiden… pero me cuidan igual.
Que a veces no sé nombrar lo que me pasa, y aun así se quedan.
Que su sola presencia, silenciosa y real, me ha sostenido en momentos en los que yo no sabía sostenerme.
Con ellos he entendido que el vínculo no se fuerza.
Que la confianza no se acelera.
Que el respeto no se enseña: se practica.
No les pediría que entendieran nada.
Bastante hacen ya siendo quienes son.
Quizá por eso me incomoda la palabra “mascota”.
Porque sugiere posesión.
Y lo que yo vivo con ellos es compañía.
Caminar juntos, cada uno en su idioma.
Sin traducirlo todo.
Sin dominar.
Sin corregir.
Solo estar.


Replica a Javi Arellano Cancelar la respuesta