Háblanos de las tradiciones de tu familia que más te gusten.
En mi familia no hablábamos de tradiciones.
No había discursos ni explicaciones. Nadie decía “esto es importante”.
Simplemente pasaba.
Había cosas que se repetían casi sin darnos cuenta. Gestos, maneras de estar, silencios compartidos. No siempre eran cómodos ni perfectos, pero estaban ahí. Y ahora, con el tiempo, entiendo que eso también es una forma de herencia.
No todo fue fácil. No todo fue cuidado. Pero hubo una constancia discreta que me sostuvo más de lo que supe entonces.
Recuerdo mesas sin demasiada ceremonia. Conversaciones que empezaban torcidas y acababan, a veces, en una risa inesperada. Personas que no sabían expresar afecto con palabras, pero lo mostraban quedándose. No yéndose. No desapareciendo del todo.
En mi familia se hacía mucho sin nombrarlo.
Se aguantaba. Se seguía. Se volvía a intentar.
A veces con torpeza, a veces con cansancio, pero se volvía.
No idealizo nada de eso. No quiero.
Hubo errores, ausencias, durezas que pesaron.
Pero también hubo algo que hoy reconozco como una base: la sensación de que, pese a todo, había un lugar al que volver. Aunque no siempre supiera cómo estar en él.
Con los años he entendido que las tradiciones que más me marcaron no fueron las fechas señaladas ni las costumbres bonitas. Fueron esas repeticiones silenciosas que me enseñaron, sin decirlo, a permanecer. A no romper a la primera. A tolerar lo imperfecto sin normalizar lo injusto.
Hoy muchas de esas cosas ya no se repiten igual.
Las personas cambian. Las familias se transforman.
Yo también.
Pero algo de aquello sigue conmigo. No como nostalgia, sino como referencia. Como una forma de mirar lo que sí quiero conservar y lo que no.
Tal vez por eso ahora me atraen los rituales pequeños. Los gestos sin espectáculo. Las formas de estar que no necesitan ser explicadas ni exhibidas.
No para repetir el pasado, sino para elegir, con más conciencia, qué merece seguir teniendo lugar.
Porque hay tradiciones que no se heredan: se revisan.
Y se transforman.
Y, si merece la pena, se continúan de otra manera.


Replica a Emiliano del Refugio Cancelar la respuesta