Si se escribiera una biografía sobre ti, ¿cómo se titularía?
Si alguien escribiera mi biografía, creo que el título no sería nada romántico.
Sería algo incómodo.
Algo que, al leerlo, te obligara a levantar la vista del libro.
Quizá sería:
La mujer que dejó de disculparse por ser intensa.
Porque durante años pedí perdón por cosas que no eran errores.
Por sentir demasiado.
Por pensar demasiado.
Por necesitar profundidad donde otros querían superficie.
Por no saber quedarme en conversaciones vacías.
Por hacer preguntas que incomodaban.
Aprendí pronto que era “mucho”.
Demasiado directa.
Demasiado clara.
Demasiado emocional.
Demasiado observadora.
Y durante un tiempo intenté encogerme.
Hablar menos.
Notar menos.
Molestar menos.
No funcionó.
No porque el mundo cambiara.
Sino porque yo me iba apagando.
Mi biografía no hablaría de grandes hazañas.
Hablaría de ese momento silencioso en el que decidí no volver a reducirme para encajar.
Hablaría de elegir paz sin pedir permiso.
De dejar espacios donde no podía respirar.
De aceptar que no todo el mundo entiende la profundidad… y que no pasa nada.
No sería un libro sobre lucha.
Sería un libro sobre ajuste fino.
Sobre aprender dónde estar.
Sobre decir “hasta aquí” sin hacer ruido.
Y tal vez el último capítulo tendría una frase sencilla:
No aprendí a ser menos.
Aprendí a estar donde cabía entera.
Y no fue un acto heroico.
No hubo música de fondo ni aplausos.
Fue un día cualquiera.
Un día en el que me cansé de revisar mis palabras antes de decirlas.
De medir el tono.
De pensar si estaba siendo “demasiado”.
Me di cuenta de algo muy simple:
las personas que me quieren no necesitan que yo me reduzca.
Y las que necesitan que me reduzca… no me quieren de verdad.
No es arrogancia.
Es descanso.
Descanso de justificar mi intensidad.
De explicar mi sensibilidad.
De pedir permiso por ocupar espacio emocional.
Y sí, todavía a veces me sorprendo intentando volver a lo pequeño.
Es automático. Es viejo. Es aprendido.
Pero ya no me quedo ahí.
Porque ahora sé algo que antes no sabía:
no vine a ser cómoda.
Vine a ser honesta.
Y eso —aunque no siempre guste—
es mucho más liviano que vivir encogida.


Replica a Sandrinne Élan Cancelar la respuesta