Dinos algo acerca de tu par de zapatos preferido y adónde te han llevado.
No son los más bonitos.
Ni los más caros.
De hecho, si los miras bien, tienen la suela un poco vencida y un lado más gastado que el otro. Siempre piso más fuerte con el mismo pie. Supongo que eso también dice algo de mí.
He tenido muchos zapatos.
Tacones que me hacían caminar más despacio de lo que pensaba.
Botas que parecían firmes por fuera y eran incómodas por dentro.
Zapatillas nuevas que compré convencida de que empezar algo también necesitaba uniforme.
Pero si soy honesta, los que de verdad cuentan no eran los elegantes.
Eran los que llevaba el día que corrí sin saber muy bien hacia dónde.
Los que pisaron el suelo frío de un hospital a las tres de la mañana.
Los que se quedaron quietos, clavados, esperando una puerta que tardaba demasiado en abrirse.
Recuerdo perfectamente los que llevaba cuando escuché esa risa.
No era una risa cualquiera.
Era una risa que salía de una habitación blanca donde yo había dejado el aire suspendido durante días.
Una risa pequeña, pero enorme.
Una risa que no sonaba frágil. Sonaba viva.
No sé si alguien entiende lo que pasa en ese momento.
Pero el cuerpo sí lo sabe.
Las piernas tiemblan.
Los hombros bajan.
Y los zapatos —esos mismos zapatos— ya no pisan igual.
Desde fuera nadie ve eso.
Solo ve a una mujer saliendo por un pasillo con unas zapatillas normales.
Pero yo sé lo que han sostenido.
También han pisado calles donde aprendí a no irme de mí.
Acera tras acera, conversación tras conversación, despedida tras despedida.
No todos los pasos fueron valientes.
Algunos fueron torpes.
Otros fueron pura supervivencia.
Y aun así, aquí están.
No guardo los zapatos como símbolo épico.
No soy de reliquias.
Pero a veces los miro y pienso:
estos han estado conmigo cuando no sabía si podía.
Y eso, en realidad, es el mejor regalo que he recibido.
No la certeza.
No la calma eterna.
No las respuestas.
La posibilidad de seguir caminando.
Con miedo.
Con dudas.
Con la suela un poco gastada.
Pero caminando.
Y eso —aunque nadie lo aplauda— es suficiente.


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