Nos preocupa mucho el día en que vamos a morir.
Lo evitamos.
Lo negamos.
Lo apartamos como si hablar de eso fuera invocarlo.
Pero casi nadie se pregunta cómo está viviendo hoy.
Morimos una vez.
Pero hay personas que dejan de vivir mucho antes.
Dejan de intentarlo.
Dejan de sentir.
Dejan de arriesgar.
Dejan de decir lo que piensan.
No por falta de tiempo.
Por miedo.
Y lo curioso es que el miedo a morir nos roba más vida que la muerte misma.
Vivimos como si el verdadero peligro fuera el final.
Cuando en realidad el riesgo es la rutina sin conciencia.
La queja constante.
La espera eterna del “momento perfecto”.
Morimos una vez.
Pero cada día tenemos la oportunidad de elegir si estamos vivos o simplemente funcionando.
Vivir no es respirar.
Vivir es sentir.
Moverte.
Elegir.
Equivocarte.
Cambiar de opinión.
Decir “no”.
Decir “sí” con ganas.
El día que mueras será uno.
Los días que puedes vivir de verdad… son muchos.
La pregunta no es cuándo termina todo.
La pregunta es si hoy estás viviendo o solo sobreviviendo.


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