Si pudieras convertirte en otra persona durante un día, quién querrías ser y por qué.
Si pudiera convertirme en otra persona durante un día, no lo haría.
No porque crea que lo tengo todo resuelto.
Ni porque piense que mi vida es perfecta.
Simplemente porque ya no me interesa escapar de mí.
Durante años admiré cualidades ajenas como si fueran piezas que me faltaban:
la ligereza de unas,
la diplomacia de otros,
la facilidad para caer bien sin despeinarse.
Pensaba que quizá esa era la forma correcta de estar en el mundo.
Pero con el tiempo entendí algo mucho más práctico que filosófico:
cada piel tiene su precio… y su poder.
La mía no es neutra.
No es plana.
No es cómoda en todos los contextos.
Es directa.
Es intensa.
Es selectiva.
Y también es leal.
Es profunda.
Es coherente.
Cambiar de piel por un día sería entretenido.
Pero volvería a la mía igual que una vuelve a su casa después de un viaje: con alivio.
Porque la libertad real no es poder ser otra.
Es no necesitarlo.
Hoy no me comparo para corregirme.
Observo para aprender.
No me disfrazo para gustar.
Elijo dónde estar.
No me suavizo para encajar.
Me afino para ser clara.
Y eso cambia completamente la energía.
No cambiaría mi piel porque he aprendido a moverme dentro de ella con menos juicio y más conciencia.
Y eso no es arrogancia.
Es tranquilidad.


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