¿Con qué consigues evadirte?
No sé si la palabra correcta es evadirme.
Evadirse suena un poco a escapar, como si uno quisiera desaparecer de lo que está viviendo.
Y en realidad no es eso.
Más bien diría que hay cosas que me cambian el ritmo.
Pequeños momentos que hacen que el día respire de otra manera.
A veces es tan simple como pintar.
Sentarme con acuarelas, elegir un color y dejar que el agua haga su trabajo sobre el papel. Siempre me sorprende cómo algo tan sencillo puede traer tanta calma… y también un poco de alegría.
Otras veces es escribir.
Es curioso: cuando escribo, las cosas que estaban mezcladas empiezan a ordenarse casi solas. No siempre entiendo todo, pero al menos siento que algo dentro encuentra su sitio.
También me pasa caminando.
Sin prisa.
Cuando uno camina sin objetivo, el mundo parece distinto. Los pensamientos se vuelven más ligeros, y de repente aparecen ideas que antes estaban escondidas.
Y hay algo que cada vez valoro más.
Los momentos tranquilos.
Mirar por una ventana.
Escuchar una canción que me gusta.
O simplemente parar un momento y sentir que el día sigue su curso.
No creo que eso sea evadirse.
Más bien es recordar que, incluso en medio de todo lo que tenemos que hacer, siempre hay pequeños lugares donde la vida se vuelve más ligera.
Y a veces eso es suficiente para cambiar el día entero.


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