Describe un encuentro fortuito con un desconocido que te haya marcado positivamente.
No fue una conversación cualquiera. Empezó normal, de esas que no prometen nada, un poco de aquí y un poco de allá. Y en algún momento se fue a otro sitio.
Recuerdo que hablaba con James y, sin darme cuenta, empezó a hacerme preguntas. No eran complicadas ni rebuscadas, pero sí directas. De esas que no puedes esquivar del todo, que te dejan un segundo en silencio.
Y ahí pasó.
No fue lo que dijo. Fue lo que me hizo mirar.
Cosas que estaban, pero que no estaba viendo. O que sí… pero prefería no tocar demasiado.
Y, sin embargo, se quedó.
No la conversación entera. Las preguntas.
Como si se hubieran quedado abiertas, apareciendo después en momentos en los que no las esperas. Vuelven, te colocan, te incomodan un poco… pero también te mueven.
No hacía falta conocerme.
Solo saber preguntar en el punto justo.


Deja un comentario