¿Qué te relaja después de un día duro?
No es lo que hago.
O no solo.
Porque podría decirte que paro.
Que bajo el ritmo.
Que intento desconectar.
Y sí.
Pero no va de eso.
Hay días en los que haces todo eso…
y sigues igual.
Con la cabeza llena.
Con el cuerpo tenso.
Con esa sensación de no haber salido del todo.
Y ahí es donde cambia.
No es relajarte.
Es volver.
Volver a un sitio donde no tienes que sostener nada.
Ni entenderlo todo.
Ni tener respuestas.
Un momento en el que no haces de nada.
Ni de fuerte.
Ni de tranquila.
Ni de “ya lo tengo”.
Solo estás.
Y, curiosamente… ahí es cuando empieza a bajar.
No porque hayas hecho algo perfecto.
Sino porque has dejado de exigirte estar bien.


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