Cuéntanos algo que te gustaría que dijeran sobre ti.
Me gustaría que dijeran que fui una mujer con matices.
Que no me dejé encerrar en una sola historia, ni siquiera en las más importantes.
Que amé profundamente, sí.
Que cuidé cuando tocó cuidar.
Pero también que supe reír, dudar, cambiar de opinión, empezar de nuevo.
Que fui curiosa.
Que me hice preguntas incómodas.
Que no viví en automático.
Me gustaría que dijeran que tuve sensibilidad, no como una fragilidad que había que proteger, sino como una forma honesta de mirar el mundo con atención y respeto.
Que fui capaz de estar presente en lo difícil, y también de disfrutar lo pequeño: una conversación honesta, un paisaje que corta la respiración, un silencio compartido sin necesidad de llenarlo.
Que no quise ser perfecta, solo coherente.
Que no busqué gustar a todo el mundo, pero sí ser fiel a lo que sentía.
Que aprendí a sostener, pero también a soltar.
Que no me definieron solo los momentos duros, sino la manera en que elegí vivir todo lo demás.
Que incluso cuando todo se oscurecía, supe reconocer la luz. A veces pequeña, a veces discreta, pero suficiente para no perderme.
Que tuve carácter.
Genio.
Una manera intensa de sentir y de estar en la vida.
Y que con el tiempo aprendí a colocar ese fuego mejor, a usarlo para cuidar, para proteger, para amar con más conciencia.
Que no quise ser solo fuerte, ni quedar bien, ni gustar a todo el mundo.
Quise ser coherente.
Quise ser verdadera.
Y si alguien dijera que dejé huella, me gustaría que fuera por eso: por haber vivido con verdad, con amor.
Y que mi presencia —sin hacer ruido— dejó algo bueno.


Replica a Sandrinne Élan Cancelar la respuesta