No escribo para gustar.
Ni para convencer.
Ni para que alguien entienda todo lo que pasa por dentro.
Escribo para no desaparecer.
Durante mucho tiempo aprendí a callar bien.
A seguir funcionando.
A sostener sin mostrar.
A no incomodar con lo que sentía.
Y funcionaba… hasta que dejó de hacerlo.
Porque callar, cuando ya no es cuidado sino costumbre, empieza a borrarte por dentro.
Y yo ya no quiero borrarme más.
Escribo porque poner palabras me ancla.
Porque decir “esto está pasando” me devuelve al cuerpo.
Porque compartir, a veces, es la forma más sencilla que tengo de abrazarme sin esconderme.
No necesito que respondan.
No espero aplausos.
No busco aprobación.
Me basta con saber que no me traiciono cuando digo lo que es.
Que no me voy de mí cuando algo duele, pesa o descoloca.
Escribo para quedarme.
Para respirar aquí.
Para recordarme que sigo viva incluso en los días en los que no tengo respuestas.
Y eso, ahora mismo, es más que suficiente.
— Sandrinne Élan


Replica a Sandrinne Élan Cancelar la respuesta