Escribe lo primero que se te venga a la cabeza.
No es lo primero que piensas.
O, al menos…
no siempre.
Porque lo primero que aparece suele ser rápido.
Automático.
Cómodo.
Lo que ya sabes.
Lo que ya te has contado otras veces.
Lo que encaja con la versión de ti que tienes más a mano.
Y eso tranquiliza.
Pero si te quedas un segundo más….. cambia.
Aparece otra cosa.
Más incómoda.
Más honesta.
Menos ordenada.
A veces ni siquiera tiene buena pinta.
No suena bien.
No es lo que dirías en voz alta.
No es lo que quieres sostener.
Y ahí es donde empiezas a dudar.
Si escribirlo.
Si mirarlo.
Si dejarlo pasar.
Porque eso ya no es lo primero que se te ocurre.
Es lo que estás evitando.
Y, curiosamente ahí es donde suele estar lo importante.
No porque sea más bonito.
Ni más correcto.
Sino porque es más tuyo.
Y cuando te permites quedarte ahí un poco más… empiezas a ver distinto.
No hace falta cambiarlo todo.
A veces solo hace falta no salir corriendo de lo que aparece.


Deja un comentario