¿Cuándo fue la última vez que corriste un riesgo? ¿Cómo te fue?
No fue hace tanto.
Y no fue un salto grande.
Fue uno de esos momentos en los que, desde fuera, parece que no pasa nada pero por dentro sí.
Recuerdo una conversación concreta.
De esas en las que sabes lo que tienes que decir y también sabes que decirlo cambia cosas.
Podía haberlo dejado pasar.
Como otras veces.
Pero no lo hice.
Y ese fue el riesgo.
No sabía cómo iba a caer.
Ni qué iba a provocar.
Ni si iba a ser capaz de sostener lo que viniera después.
Pero había algo claro: seguir igual ya no era una opción.
Y ahí decides.
No desde la seguridad.
Ni desde la certeza.
Decides desde un punto más honesto. Más tuyo.
¿Y cómo me fue?
Incomoda.
Pero coloca.
Y, con el tiempo, entiendes que ese era el movimiento.


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